martes 22 de diciembre de 2009

Muchos regalos

El Club Chufa se toma unos días de vacaciones para concentrarnos en proyectos individuales y colectivos, como el cómic de nuestro compañero Carlos Mal o el regreso de la revista The Club Chufa Zine en formato de papel, entre otros, pero les dejamos una buena colección de libros, cómics, mangas y más para descargar y se entretengan en estas fechas. Regresaremos pronto. Que pasen una muy feliz Navidad.

1. La saga de Stephenie Meyer, da click en las imágenes para descargarlos. Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse, Amanecer, en español y completos. Sol de Medianoche en español, pero únicamente los 12 capítulos que se filtraron a Internet. Llévatelos todos pero ya:











2. El símbolo perdido (2009), Dan Brown


Inlcuye: La conspiración, La fortaleza digital, Ángeles y demonios y El Código Da Vinci.

3. La saga de Tim Powers, el llamado maestro de la fantasía histórica. En sus libros, como en La fuerza de su mirada, vemos personajes históricos enfrentar situaciones sensacionales: biografías apócrifas de Byron, Shelley y Keats, mezclados con vampiros.

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Incluye: Cena en el palacio de la discordia, Declara, En costas extrañas, Esencia oscura, La fuerza de su mirada, La puerta de Anubis y La última partida.

4. Dos libros del especialista en suspense ubicado en el contexto de la literatura romántica del siglo XIX, Matthew Pearl, da click en la imagen para llevártelos:



5. La saga de Las crónicas vampíricas de Anne Rice, los 10 libros en español:

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Incluye: Entrevista con el vampiro (1976), Lestat el vampiro (1985), La reina de los condenados (1988), El ladrón de cuerpos (1992), Memnoch, el Diablo (1995), El vampiro Armand (1998), Merrick (2000), Sangre y oro (2001), El Santuario (2002) y Cántico de sangre (2003).

6. La saga del Capitán Alatriste escrita por Arturo Pérez-Reverte, los 6 libros completos:




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Incluye: El Capitán Alatriste (1996), Limpieza de sangre (1997), El sol de Breda (1998), El oro del rey (2000), El caballero del jubón amarillo (2003), Corsarios de Levante (2006).



7. Las novelas densas e intelectuales de Umberto Eco, quien, por cierto, ha declaro que ya no volverá a escribir narrativa.



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Incluye: El nombre de la rosa (1980), El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994), Baudolino (2000) y La misteriosa llama de la Reina Loana (2004).



8. Una gran colección del escritor alemán Henning Mankell, editada por Tusquets, todos en español:
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Incluye 16 libros, 8 de la saga de Wallander: Antes de que hiele, Comedia infantil, El cerebro de Kennedy, El chino, El retorno del profesor de baile, El secreto del fuego, Profundidades, 01 - Asesinos sin Rostro, 02 - Los perros de Riga, 03 - La leona blanca, 04 - El hombre sonriente, 05 - La falsa pista, 06 - La quinta mujer, 07 - Cortafuegos, 07 - Pisando los talones, 08 - La piramide, Zapatos italianos.

9. Gears of War, Aspho Fields, novela basada en el famoso videojuego, escrita por Karen Traviss, el archivo contiene 2 versiones, una en inglés y otra en español:

10. Para los amantes del manga, traemos la versión en papel de Oldboy, la cual fue llevada al cine y se convirtió en un éxito mundial. Dejamos los 8 volúmenes completos, pero en inglés (no hay aún versión en español):

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11. Un cómic de Frank Miller: Spawn/Batman:



12. Un manga independiente a la historia principal: One Piece, Wanted, son varios relatos.

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13. Tres artbooks del genial manga Bleach, donde se muestra el proceso creativo de Tite Kubo:

All Colour But The Black

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Colorful Bleach

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Bleach: Official Character Book Souls

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14. La tercera película de Bleach online, con subtítulos en español: Bleach: Fade to Black, que la disfruten:

Online

15. Por último un bonus muy nerd, un libro sobre jardines japoneses, editado por Taschen. Está en inglés, pero no tiene pierde, altamente recomendable:

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Feliz Navidad. Soy Club, soy Chufa.

lunes 21 de diciembre de 2009

Si la mujer es el sexo débil, ¿quién es el sexo fuerte?

Que, en términos freudianos, no es sexo, sino una ausencia, la máscara anatómica del vacío como un fatal designio de la naturaleza. Que no nace, sino se hace; que es el segundo sexo –Beauvoir dixit. Que la distinción entre lo masculino y femenino resulta falaz como substancia; que deviene construcción social, ideológica, moral. Que no es sexo, sino género, performatividad…

Mujer-inmersión

La feminidad se presenta, como en todo acto social, bajo la rúbrica de un rito de iniciación. Y es, como todo rito de iniciación, una fase previa hacia la cohesión, la integración al grupo. A la sombra de lo legal, lo jurídico, las instituciones que norman las relaciones interpersonales, esta mujer es, sin embargo, más tajante, más inexorable. (Es un reduccionismo trillado ver en ella un espejo de la voz autoritaria, fálica). Sabia, conocerla es estar en el mundo, domeñar los vaivenes de las querencias, siempre histéricas y obsesivas. Su sexo, es decir, su fisonomía, rezuma fertilidad. En su género se observan las implosiones cavernosas, la verdadera adrenalina liberada en un o en un no: “El hombre llega hasta donde la mujer quiere.” Sin saberlo, detenta un poder, la legitimidad que le otorga, según algunos buenos modales, su función biológica como dadora de vida. No es, por otra parte, el castillo de la pureza, sino el puente que comunica subrepticiamente a la entereza con la indecencia. La insolencia de ser mujer en un mundo dominado por hombres.
Si, como dice Freud, hay una sola libido (la fálica, centrada en la fuerza masculina), la mujer es, entonces, una especie de espejismo, un virtuosismo de la naturaleza que nos permite vislumbrar y hacer patentes ciertos matices de la materia, aquellas sutilezas de las formas percibidas como femeninas y, por ende, como bellas. Las implicaciones de esta lógica son devastadoras: no hay masculino ni femenino. Todo es un fluido constituido artificiosamente por múltiples gradaciones, perceptibles apenas por un consenso débil, variable, viciado de origen. No hay, así, represión masculina sobre la condición femenina; y toda lucha por el poder entre los sexos resulta absurda. La hipótesis inversa es también interesante: es la inmersión femenina en los linderos masculinos lo que podría evidenciar su carácter sexuado per se. Su tácita invitación al goce no es sólo una misión biológica, sino la perpetua reconciliación de los opuestos, la desgracia evolutiva y social (del Mal) que nos forma a unos como simiente y a otras como semillero. La imposibilidad de ser inmersos e integrarnos al grupo, al Bien.
Ni incapacitada ni reprimida, la mujer es la conciencia más presente de nuestra finitud y su afirmación y, a veces, su negación.

Mujer-seducción

Pero lo femenino parece siempre estar en otra parte. Esta mujer es un principio de incertidumbre y, en tanto que tal, desestabiliza suavemente toda nuestra regularidad cotidiana. Embarga y cautiva el ánimo al atraer sin buscar. Es una fuerza impersonal que nace virulentamente en el cuerpo, voz y movimiento de esta o aquella figura. Es un contorno cuyos límites y estragos parecen transfigurarse en la verdad sensitiva de los fenómenos: las apariencias. La seducción pertenece al reino de las apariencias. Es una feminidad cuya base resulta de una emanación, una proyección de lo masculino, una cinestesia continua de ese substrato irreductible que hemos construido como seres sensuales. La masculinidad como un recipiente, un cuerpo deseante, configurado a partir del orden, la institución, la ley, de todo discurso impositivo y hegemónico que se ve obligado, como ejercicio de válvula de escape, a ceder, a abrirse en un resquicio por donde cabe el mundo entero. Lo femenino no existe sino como contingencia.
Se puede idear un corolario a partir de la frase “la mujer no sabe lo que quiere”. Es la seducción femenina quien lo sabe y es probable que lo obtenga. No es propiamente un sujeto intelectual en el sentido cognoscitivo, sino un ente parte corporalidad y parte inmaterialidad capaz de ventilar la violencia latente, la ferocidad que instintivamente anidamos. Su inteligencia es salvaje, mas no torpe. No es objeto, sino un ego que es toda veleidad. La seducción de la feminidad, o la feminidad seductora, trasciende las clasificaciones psiquiátricas de las preferencias y/o orientaciones sexuales: homosexuales, bisexuales, heterosexuales, todos son desbordados por ese río de pasión conjugado en el juego de las atracciones y los afectos. (La hipermodernidad nos ha dejado claro que la feminidad no es ya más un atributo exclusivo de las mujeres). De ahí que la mujer no sea sino un símbolo que representa una noción de fuerza endilgada por algunas civilizaciones durante siglos y siglos al subalterno, al otro, “enemigo”, aunque íntimo. No se trata, sin embargo, de la alteridad política, de la autonomía, de la diferencia, del deseo y el goce específico, del otro uso del cuerpo, la palabra y la escritura. No se trata tampoco de la búsqueda de la liberación sexual y de derechos civiles. Se trata, más bien, de la indeterminación, del juego infinito de la mismidad, perpetuada como en un fenómeno de refracción que trasciende el rol de género, la clase social, los preceptos religiosos. Es el caos congénito en toda aventura humana.
La mujer-seducción es una suerte de pararrayo sexual y es, no obstante, más crucial que el amor, más embriagante que el sexo; es la fascinación, el hechizo erótico mismo.

Mujer-transacción

Ha sido virgen, madre, musa, ídolo, diosa y puta, pero jamás –dice el reclamo feminista— ha sido ella misma, como si todo hubiese sido una perversión de una esencia que habría salido a flote a mediados del siglo XX. Hastiada de atributos, funciones, símbolos, hoy ha querido dejar de constituirse como objeto para perfilarse como sujeto: la pasividad frente a la actividad. Es irónico que, en tiempos de crisis de eso que entendíamos como sujeto, parezca no haber más salida que deconstruir toda noción de centro, unidad y autodeterminación. ¿Qué significa hoy decir “yo soy”? Si el espectro femenino (en suma, humano) no es más que una cierta disposición de discursos en un concierto de voces heteróclitas, no hay, pues, tal perversión ni máscaras ni deformaciones, sino el mejor de los sexos posibles. En esa dialéctica zigzagueante entre el objeto y el sujeto, bien podríamos aclimatarnos a lidiar con esa moneda de cambio significada en las presumibles identidades que otrora defendíamos y, así, renunciar a toda voluntad de identidad. Bien podríamos, para completar la fábula, aclimatarnos en el amor a la perversión ahí donde no hay nada que pervertir, a los rastrojos de eso que llamábamos mujer –u hombre.

sábado 19 de diciembre de 2009

La vida emergente en 2009

La revista Science propone a Ardi como el mayor avance científico de 2009. El Ardipithecus ramidus vivió hace 4,4 millones de años en la región africana de Afar (Etiopía) y constituye el último antepasado común de humanos y chimpancés, aún más antiguo que el Australopithecus afarensis (la hermosa Lucy) y a pesar de los datos inciertos y parciales de los anteriores Sahelanthropus tchadensis, Orrorin tugenensis y Ardipithecus kadamba. Lo que es de destacar es que Ardi es un hallazgo completísimo y, por lo mismo, extraordinario; un eslabón que sintetiza las características de los simios del Mioceno con los rasgos que surgirían velozmente con los homínidos posteriores. Al parecer, la evidencia sugiere que esta variedad de monos africanos se alejó radicalmente de la línea evolutiva de los modernos chimpancés, lo cual revela la naturaleza cada vez más dispar entre humanos y primates ya muy maltratada por el conteo del genoma.

En el Monte Bosavi, en la Isla de Nueva Guinea, en las remotas paredes y montañas de un volcán extinto, fueron encontradas una oruga peluda, una rata gigante, mariposas mastodonte, arañas saltadoras que no producen telarañas y tres variedades de canguros, gracias a una expedición organizada por la BBC. Para paliar las inquietudes de los musofóbicos, la rata (llamada Bosavi, provisionalmente) al parecer es vegetariana y extremadamente pacífica.

Raptorex kriegsteini, de 125 millones de años de antigüedad (final del periodo Cretácico inferior), descubierto en Yixian, China, es el pariente enano y literalmente testarudo del Tyrannosaurus rex. Antes del hallazgo, se pensaba que los dinosaurios miniatura no estaban relacionados directamente con los grandes depredadores (como yo XD ). Este pequeñín pesaba sólo 65 kilitos, mientras que el tiranosaurio tenía una masa de entre 6 a 8 toneladas. “La naturaleza es muy práctica”, declaró uno de los descubridores: “Dotó a una boca grande con colmillos filosos con unas piernas muy veloces”.

Aproximadamente 64 especies de hongos luminiscentes viven en regiones oscuras del planeta, al menos eso se pensaba antes de los descubrimientos publicados por Dennis Desjardin en la revista Mycologia. Cuatro nuevas variantes, halladas en América y Asia, emiten luz en sitios donde teóricamente no era necesario. Los científicos piensan que es un mecanismo de defensa para advertir a los animales nocturnos que si son usadas como alimento serán afectados por sus esporas. Dos especies fueron bautizadas bella y contundentemente en honor a los Requiem de Mozart: Mycena luxaeterna y Mycena luxperpetua.

En febrero de este año hizo su debut oficial la Titanoboa cerrejonensis, extinta hace aproximadamente 60 millones de años, para fortuna de los ofidiófobos. Fue descubierta en Colombia (La Guajira) y se trata de una serpiente que medía 13 ó 14 metros. En esa zona también se han encontrado fósiles de tortugas y cocodrilos gigantes que se cree eran parte de la dieta de este monstruo. Lo más destacado es que este develamiento niega que las zonas tropicales desaparecen en altas temperaturas, ya que la Titanoboa, como cualquier ofidio de sangre fría, depende del clima de su hábitat: de acuerdo a su tamaño, esta serpiente debía mantenerse en un clima que estuviera en el rango de entre 30 y 34 grados centígrados, 6 menos de los actuales 28 promedio anual en la región.

Isla de Ambón, Indonesia: la revista Copeia habla del olvidado Histiophryne psychedelica, una variedad del pez sapo descubierto ya hace 20 años. Se le dio ese nombre estrambótico en homenaje a los viajes ácidos con LSD: es naranja, con rayas azules y blancas que irradian, como un hipnotizador, de sus ojos cielos. Una especie ignorada por error, por un descuido taxonómico. Juguetón: sus aletas son piernas: se mueve “saltando”, rebotando al ritmo de su respiración.

Costas de California: se logra fotografiar y filmar por primera vez al pez cabeza transparente (Macropinna microstoma), del cual se sabe desde 1939, pero no se había logrado ninguna imagen. Su cráneo es transparente y sus ojos ultrasensibles pueden rotar para ver a través de su cabeza (!); ésta da la apariencia de un minúsculo universo hecho de órganos (se destroza si se extrae del mar). Viven a 600 y 800 metros de profundidad.

Eromanga, al norte de Queensland, Australia: Zac es el descubrimiento sensación en el país de los canguros. Es un saurópodo (cuello largo) comedor de plantas que existió hace 97 millones de años, medía 26 metros, parecido al brontosaurio (apatosaurios). Curiosamente en 2004, en esa misma región, fue hallado Cooper, el saurópodo más grande que se ha encontrado en Australia (medía 30 metros) aunque de la misma longevidad que Zac. El esqueleto del más reciente se conserva más completo y confirma para los paleontólogos menos ortodoxos que esa zona es un cementerio de dinosaurios.

La vida florece secretamente, a pesar de nosotros: de 1998 a 2008 se hallaron 353 nuevas especies en el Himalaya oriental, desde Bután, pasando por Myanmar hasta Nepal, tierra del legendario tigre de Bengala y el armado rinoceronte indio. El reporte se presentó este año bajo el nombre de The Eastern Himalayas-Where Worlds Collide, en donde se revelan oficialmente la existencia de 244 plantas, 16 anfibios, 16 reptiles, 14 peces, 2 aves, 2 mamíferos y al menos 60 invertebrados de recién descubrimiento. En el Valle de Hukawng, se desenterró el fósil de un geco que vivió hace 100 millones de años. También habitan actualmente en esa zona un venadito enano, una sorprendente rana que puede desplazarse por el aire gracias a sus membranas rojas y una nueva especie de macaco (Macaca munzala).

lunes 14 de diciembre de 2009

Dios y sus estadísticas

La estadística está en contra del Creador: 2.038.334 son las personas que ha matado Dios, aproximadamente, en la Biblia, sin contar diluvios, masacres u otros desastres meteóricos de los cuales no se cuenta con un número exacto de víctimas. Satanás sólo tiene 10 homicidios en su marcador (y en complicidad con Dios). Estos datos fueron expuestos por Steve Wells, un psicólogo australiano que se dedicó a estudiar la Biblia con este único objetivo: el de la estadística y el dato frío y desnudo. Aunque no aparecen en el conteo de Wells los detalles subjetivos de cada asesinato, tal desbalance entre el bien y el mal nos hace cuestionar el dudoso comportamiento del Dios occidental: por un lado, el bien justifica cualquier cosa, incluso el asesinato en masa; por otro, nos hace preguntarnos si la “ética” del Creador no está algo enferma y retorcida, como el demiurgo demoniaco imaginado por Nietzsche.


Para nuestra desgracia, ambas cuestiones son intrascendentes: la idea de un Dios panóptico, omnipresente-vidente, con un plan indescifrable y con una sabiduría que escapa a nuestras deficientes percepciones y raciocinios, impide cualquier tipo de juicio. ¿Cómo saber las intenciones de aquella Inteligencia que ha creado la celeridad del átomo, la violencia de las galaxias, el sistema sanguíneo y la música espectral de las neuronas? Si juntamos todo el conocimiento científico, nos daremos cuenta que estamos ante la historia de una estupidez: cada paradigma acreditado por la ciencia ha estado errado; sucedió con los modelos naturales clásicos, con el sistema ptolemaico, con la física de Newton, con los teoremas de Gödel, con la incierta mecánica cuántica y con la relatividad. Son sistemas incompletos, aptos para conocer una minucia del universo. Ante tales expectativas, conocer “las razones” divinas sería decididamente ingenuo.


Lo que sí se puede entender, más bien, sería el imaginario que existe en la Biblia: ¿qué nos dice este Dios homicida? No es extraño que en una época como la nuestra, donde “el centro” desde donde nos pensamos ya no existe, se descrea fácilmente de una idea milenaria y arquetípica como la de Dios y se sustituya por cualquier otra, como la moda o la obsesión por el dinero. Se trata de un síndrome actualísimo: la soberbia de la razón ilustrada, fundada en la idea de progreso ascendente. Los telescopios confirman lo que ya sabemos en el fondo, que estamos solos en el vasto universo; la historia ya no es un móvil del espíritu hegeliano, sino una sucesión razonada, un silogismo resuelto por la mente humana. La dualidad grecolatina, del cuerpo y el alma, ha desaparecido; el cuerpo reclama su venganza, su momento de extraño carpe diem ante su transfondo de soledad.


Palladas y Epicteto escribían sobre la angustia de tener un alma esclava del cuerpo: “Soy una pobre alma encadenada a un cadáver”, cantaba el segundo. Teresa de Jesús diría que el cuerpo es “la cárcel del alma” y en Primero sueño Sor Juana nos muestra a su espíritu desprendido, por un instante, del peso de su carne. Así visto, un Dios que asesina es irrelevante: es un liberador, porque según el libro de Romanos, el que vive en pecado ya está muerto. No sólo eso: los doctores de la Edad Media se encargaron de expandir el miedo a los sentidos: ellos nos confunden, nos hacen caer en las tentaciones terrenales. Los castigos del cuerpo eran ejercicios espirituales comunes para liberar al alma. Si somos creativos, hasta podemos pensar coherentemente en un Dios liberador. Misteriosas vías que, lamentablemente no nos llevan a una conclusión definitiva.


Contemporáneamente, el cuerpo se ha sublimado bajo su sometimiento brutal, como los ascetas que se reprendían con pequeñas torturas: las cirugías estéticas, las dietas rigurosas para desecar nuestros organismos, las enfermedades alimenticias, la higiene extrema, el temor a las enfermedades son, en el fondo, variaciones de una mentalidad primitiva, ni siquiera teológica. El tatuaje, el piercing, y hasta los videos de Marilyn Manson son formas de un arquetipo que ha estado con nosotros desde épocas inmemoriales, mucho antes de la religión. Lo que cambia es el horizonte semiótico, el signo; recordemos que hay siempre un desplazamiento de su transfondo: un cuchillo significa un arma cortante, pero también transmite la idea de un falo y sus consecuentes objeciones antifreudianas; es decir, implica todo un paradigma movedizo según el contexto histórico-social.


Para los antiguos, un Dios asesino era justo, liberador y, ante todo, inspiraba temor. Para nosotros, es arbitrario, represor, incomprensivo, sádico e inspira, para muchos, la misma repulsión que un Hitler. Todo ello debido precisamente porque la muerte se opone a todo progreso materialista; nos niega como cuerpos, como constructos-sujetos, como idea histórica de la razón. Vivimos en una especie de hedonismo contradictorio o más bien adherido como una cirugía estética a ideas religiosas y primitivas que pocos intuyen, cegados por la invención, en el siglo XVIII, de la razón y alentada por su gemelo: el positivismo decimonónico. Nuestra era no es especial: es más ingenua de lo que nuestra soberbia científica nos permite, siquiera, pensar o imaginar.